
Los proyectos fracasan por competencias blandas y casi nunca por otros asuntos; sin embargo, no lo enseñamos.
La paradoja que veo todos los días en mis clases de proyectos.
Hoy estaba conversando con mis estudiantes sobre qué significa realmente ser director de proyectos, y les compartí algo que me parece fascinante (y preocupante a la vez).
En mis años trabajando en proyectos de desarrollo, he visto fracasar muchas iniciativas. Y casi nunca es por lo técnico. Nadie pierde un proyecto porque le faltó una línea en el EDT o porque el Gantt no estaba perfecto.
Los proyectos se caen cuando no se resuelve un conflicto a tiempo. Cuando hay que tener una conversación difícil y nadie la tiene. Cuando el equipo no logra comunicarse bien. Cuando falla la confianza entre las personas.
Lo irónico es que todos lo sabemos. En cada congreso, en cada artículo, lo repetimos: «las habilidades blandas son críticas». Pero después miras la oferta de formación y es lo mismo de siempre: plantillas, software, documentación, más documentación.
Seguimos priorizando el Gantt sobre las personas.
Y no es que la técnica no importe, claro que importa. Pero sin la capacidad de liderar personas, de resolver conflictos, de comunicar con claridad, toda esa arquitectura técnica se desmorona.
Necesitamos cambiar cómo enseñamos proyectos. Formar gente que sepa tanto de herramientas como de conversaciones difíciles. Que entienda que detrás de cada actividad del cronograma hay personas con motivaciones, temores y necesidades.
Porque al final, los proyectos no los ejecutan las apps. Los hacen personas.
¿Estamos formándolas para eso?


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