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2025: El año que el diseño de proyectos sociales se volvió un meme vivo (y nadie lo vio venir)

La escena podría haber sido en cualquier ONG de Asunción, Lima o Bogotá. Enero de 2025. Un director de proyectos abre su bandeja de entrada y se encuentra con tres correos bomba: uno anuncia la suspensión indefinida de 300 becas porque USAID congeló fondos (spoiler: no fue una pausa, fue el fin), otro invita a un webinar sobre «IA generativa para propuestas de impacto» (porque nada dice «innovación» como aprender a pedir dinero con ChatGPT), y un tercero pregunta si es cierto que en Doha firmaron algo importante sobre desarrollo social (spoiler 2: nadie sabe, pero todos tienen una opinión).

El director cierra la laptop sin responder ninguno y mira su calendario: 17 reuniones que podrían haber sido un solo correo. Bienvenidos a 2025: del Excel predecible al caos geopolítico con banda sonora de Zoom.

2025 fue un año de paradojas brutales: la promesa de la tecnología democratizando el acceso coincidió con el colapso del sistema de cooperación que todos dábamos por sentado. La cooperación internacional dejó de ser lo que era y se convirtió en algo nuevo. Dependiendo del ángulo, asusta o abre una puerta enorme.

Lo mejor: La IA como el gran ecualizador (y esta vez no es marketing de Silicon Valley)

Por primera vez vi a una ONG pequeña o mediana competir de tú a tú con consultoras internacionales o multilaterales, no por lástima ni por cuota regional, sino porque la propuesta era objetivamente buena. La diferencia no fue el presupuesto ni los contactos: fue la IA convertida en infraestructura cognitiva.

Lo revolucionario no son los números. Los costos de inferencia cayeron en picada desde 2022, sí, pero eso es solo infraestructura. Lo que vi en talleres de Paraguay y Argentina fue que la brecha se cerró. Antes, muchos ni se animaban a presentar propuestas porque el estándar profesional parecía inalcanzable. En 2025, la IA les permitió enfocarse en lo que importa: qué problema resolver, para quién, con qué teoría de cambio. La máquina se encargó de formatear, revisar coherencia, sugerir indicadores y traducir al lenguaje burocrático que los donantes exigen.

La IA hizo en un año lo que la cooperación prometió durante décadas y nunca cumplió: nivelar el campo de juego. El problema nunca fue la falta de ideas en nuestras comunidades. El problema era que esas ideas no cabían en un Excel de 50 páginas. Hoy, eso cambió, conozco casos de primerisima mano en donde cambio.

Lo peor: El cierre de USAID: el terremoto en cámara lenta que todos ignoramos

Mientras todos hablábamos de innovación, USAID dejó de existir como agencia independiente. En julio de 2025 se confirmó: más del 80% de sus programas cancelados, el resto transferido al Departamento de Estado. No fue una reestructuración elegante; fue un corte abrupto.

Programas de salud, derechos humanos, alimentación, emprendimiento femenino y atención a vulnerables se suspendieron de un día para otro en América Latina y otras regiones. No hubo transición ordenada. Organizaciones que ejecutaban proyectos plurianuales pasaron a no saber si pagarían el próximo sueldo. El debate técnico sobre si fue «cierre» o «reorganización» pierde relevancia: el ecosistema se quedó sin su pilar principal, y nadie estaba preparado para el vacío.

Lo feo: El fin de la inocencia (y de las excusas cómodas)

2025 nos obligó a admitir que la cooperación siempre fue una decisión política contingente, no una garantía eterna. Durante años diseñamos proyectos asumiendo continuidad de fondos externos y construimos organizaciones enteras sobre esa premisa frágil.

Lo ocurrido dejó en evidencia tres verdades incómodas:

  • No podemos seguir diseñando como si el financiamiento externo fuera eterno.
  • Las declaraciones internacionales bonitas no valen nada sin recursos reales.
  • Obsesionarnos con formatos burocráticos antes que con problemas reales nos volvió vulnerables.

Lo feo es la incertidumbre. Lo potencialmente liberador es que el modelo viejo ya no se sostiene por inercia. Eso abre espacio para esquemas más honestos, diversos y arraigados en la realidad local.

¿Y ahora qué?

No hay manual mágico, pero las direcciones son claras: adoptar IA sin mesianismo (porque sigue siendo una herramienta, no un salvador), diversificar fuentes de financiamiento como si nuestra vida dependiera de ello (porque así es), y diseñar proyectos para resiliencia, no solo para reportes bonitos y por supuesto no perder de vista lo importante el desarrollo social, muchas veces se dice de donde vengo que el remedio puede ser peor que la enfermedad y con todo esto lo peor que nos puede pasar es apostar por mejoras que destrocen el desarrollo social.

Epílogo

A veces algo tiene que romperse para ver con claridad lo que ya no funcionaba. 2025 rompió muchas cosas. Lo que venga después depende de lo que hagamos con esa certeza.

¿Cómo se está preparando tu organización para este nuevo ecosistema? Cuéntame en comentarios. Y si tienes un meme bueno sobre webinars de IA, también sirve.

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