El otro día me quedé pensando en algo que suele pasar con los videos de crowdfunding social: algunos son impecables, técnicamente perfectos, casi cinematográficos, y aun así no mueven a nadie.
Entonces volvió a mí una tarde en Colombia. Una ronda de presentación ante donantes. Proyectos prolijos desfilando uno tras otro, con sus cifras, sus diagnósticos, sus videos bien editados. Todo correcto. Todo limpio. Todo, de algún modo, muerto.
Hasta que apareció una mujer del Cauca.
Traía un PowerPoint hecho con cansancio y un video grabado con un celular prestado. Nada de drones. Nada de música épica. Nada de esa belleza pulida que a veces convierte el dolor en decoración.
La sala cambió.
No de golpe. No como cambian las salas cuando alguien las impresiona. Fue más íntimo que eso. Entre nosotros se movió una honra profunda, una especie de confianza depositada sobre la escena. Nos conmovimos no porque el video estuviera bien hecho, sino porque su historia todavía creía en algo: en la posibilidad de transformar una comunidad.
Y esa fe —esa fe preciosa, casi antigua— terminó transformando también la forma en que nos mirábamos a nosotros mismos.
No era estética. Era verdad puesta en común.
Esa experiencia me quedó dando vueltas y terminé escribiendo sobre el tema para el LinkedIn de Proyecta. Si trabajás en causas sociales y estás por aprobar tu próximo storyboard de campaña, quizás te sirva leerlo antes.
Nuestro primer artículo de Proyecta en linkedin


Deja un comentario